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UNA FRATERNIDAD EN CRISTO

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Por: Antoine Collot, OFM La base de todos los consejos prodigados por Francisco, no sólo a los miembros de su familia religiosa, no sólo a todos los cristianos, sino a todos los hombres, es la persona de Jesús. No hay que olvidar nunca que para salvar a sus ovejas ha sufrido la Pasión y la Cruz: «Reparemos todos los hermanos en el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó la pasión de la cruz» (Adm 6,1). Su presencia salvadora, Jesús la actualiza hoy por su presencia eucarística. Francisco no se enreda en sutilezas dogmáticas para probarla: «Diariamente viene a nosotros Él mismo en humilde apariencia; diariamente desciende del seno del Padre al altar en manos del sacerdote» (Adm 1,17-18). Marchar en su seguimiento, a través de los sufrimientos y toda suerte de pruebas, es lo que propone a sus ovejas. A cambio, ellas reciben de Él la vida eterna. Ellas entran en la gran familia de los santos, mientras que nosotros nos contentamos con relatar las acciones con vistas a obtener honor y provecho. ¡La flecha no apunta más que a los hermanos en esta sexta admonición, en la que son especialmente interpelados (En el seguimiento del buen Pastor): «Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y la persecución, en el sonrojo y el hambre, en la debilidad y la tentación, y en todo lo demás; y por ello recibieron del Señor la vida sempiterna. Por eso es grandemente vergonzoso para nosotros los siervos de Dios que los santos hicieron las obras, y nosotros, con narrarlas, queremos recibir gloria y honor» (Adm 6,2-3). Jesús no ha ocultado su deseo de atraer hacia Él a todos los hombres. Francisco lo sabe y no olvida las palabras puestas en la boca del Maestro por san Juan: «Y cuando sea elevado en la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). El amor del otro conlleva para cada uno el paso de la muerte a la vida: «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte» (1 Jn 3,14). «En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). Es la muerte de Jesús la que permite a los hombres vivir como hermanos. La primera vez que la palabra «hermanos» aparece en las Admoniciones, se establece un lazo con el don de la vida de Jesús por los suyos: «Porque quien prefiere padecer la persecución antes que separarse de sus hermanos, se mantiene verdaderamente en la obediencia perfecta, ya que entrega su alma por sus hermanos» (Adm 3,9). La referencia a san Juan está subyacente: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15,13). Este desasimiento de su vida en favor de los suyos, de sus ovejas, de sus hermanos, Jesús lo ha realizado en perfecta obediencia a su...

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LA FRATERNIDAD EN LAS ADMONICIONES DE SAN FRANCISCO

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Tal vez nos habituamos demasiado fácilmente a representarnos los escritos de Francisco llegados a nosotros con el nombre de Admoniciones como exhortaciones dirigidas a sus hermanos reunidos en capítulo. Un análisis gramatical y un examen más atento de los vocativos siembran alguna duda. La cantidad de frases estructuradas por el empleo del infinitivo o la tercera persona del singular o del plural, o incluso de sujetos poco precisos traducidos en español como «que (con valor de sujeto), se, uno, una, éste/aquel que (con valor de sujeto); estos/aquellos que; cualquiera que; cada uno; nadie», no deja de sorprender. ¿Es así como interpela Francisco a sus hermanos? No una u otra vez, sino en la mayoría de los casos. ¡No menos de veintinueve ejemplos ¿No es, de entrada, una manera de dirigirse a todo hombre, mi hermano? Las Admoniciones 5,1 y 18,1 confirmarían este sentido: «Attende, o homo, in…», «Considera, oh hombre…»; «Beatus homo qui…», «Feliz el hombre que…». Por lo que respecta a la segunda Admonición, comienza así: «Dixit Dominus ad Adam«, «El Señor dijo a Adán». Una relectura meditada de las Admoniciones hizo inclinarme por esta intención de Francisco: llevar a todo hombre a la conversión, al amor de su Señor. Sin remitirme a los especialistas, yo llegué hasta ahí. No me he molestado al leer en Manselli: «Este opúsculo ha sido -y continúa siéndolo- objeto de una vivísima discusión, que busca resolver la cuestión de su naturaleza y su finalidad: ¿se trata de un discurso ordenado, de un sermón de Francisco, o, por el contrario, de unos dichos reunidos y coordinados por el mismo Francisco o por otros?… Se han dado numerosas respuestas y, como es obvio, discordes…».[1] Encontrarás también en este número, amigo lector, propuestas de tesis diversas y argumentos moderados para apoyarlas. Sin pretensión docta por invalidarlos, me contento con hacerte partícipe de mi reciente impresión de una relectura meditada: «No nos parece que se trate de un sermón, porque no corresponde ni a las leyes del ars predicandi, ni a las exhortaciones vibrantes del ars concionandi; estaría más cerca de la exhortación fraterna, de la amonestación amistosa, que hemos encontrado en las cartas precedentes».[2] Francisco no ha escrito sólo a León, a Antonio, a un Ministro, a todos los guardianes, a todos los Custodios, a toda la Orden, a todos los clérigos; sino también a los jefes de los pueblos, alcaldes y cónsules, jueces y gobernadores de todo el universo, e igualmente a todos los fieles. ¿Qué representan éstos últimos a sus ojos? Todos los cristianos: religiosos, clérigos, laicos, hombres y mujeres, y todos los habitantes del mundo entero (1CtaF 1). Los últimos destinatarios de las Admoniciones son éstos últimos también, a mi parecer. Francisco no se cierra en un círculo de íntimos, aunque algunos lo piensen todavía: «Es evidente que nos encontramos ante un caso de reportatio: un oyente ha puesto por escrito y en debida forma la enseñanza dada oralmente por Francisco con ocasión de los capítulos».[3] Veinticuatro de las veintiocho Admoniciones no...

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Sacramento de la confirmación

Sacramento de la confirmación

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El día viernes 28 de septiembre en la Parroquia San Francisco de Asís de Barranquilla, se llevó a cabo la celebración del sacramento de la confirmación, 28 jóvenes del colegio San Francisco confirmaron la fe que sus padres y padrinos habían optado por ellos el día del bautismo, y en manos de Mons. Pablo Emiro Salas Antelíz y Mons. Víctor Tamayo se comprometieron a ser fieles en la vida cristiana de la Iglesia. [Show...

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